Los estudios sociológicos lo dicen: ellos, los
hombres que se separan, buscan novia con más rapidez que sus ex mujeres. No
todos son iguales: muchos han ganado en experiencia y vale la pena darles una
segunda oportunidad. Pero hay que andarse con cuidado cuando las heridas están
aún demasiado abiertas para lanzarse de cabeza hacia una nueva relación
sentimental.
En primer lugar, es necesario percatarse de que el
divorcio emocional está realmente superado. Puede que hayas conocido a tu pareja
cuando la separación legal estaba resuelta o, incluso, con el divorcio ya
concedido, y, sin embargo, que ese hombre no haya sido capaz de dejar atrás ese
capítulo de su vida y enterrar el pasado. Un pasado imborrable, desde luego,
como el de todos, pero no por ello ha de estar incordiando constantemente
cuando intenta construir una nueva vida contigo. Ese es un indicio de que la
ruptura aún no está asumida.
¿Cuánto tiempo es necesario para dar por superado
ese divorcio emocional? Lo siento. Es imposible generalizar. Algunos tardan
cinco años, otros han comenzado ya a salir de la etapa de duelo (muchas
personas separadas pasan por una fase de dolor semejante al que se siente ante
la pérdida de un ser querido) mientras ponían en marcha los trámites de la separación, y hay otros que jamás consiguen remontar el vuelo. Lo importante es que te des
cuenta de que él es un individuo adulto, que tiene que aprender a salvar esos
escollos sin ayuda de ninguna “mamá”, si tu deseo es que vuestra relación sea
definitivamente madura.
¿Cómo saber si ya está preparado? En primer lugar
tiene que reconocer que no toda la culpa fue de su ex, y tampoco suya. Es
decir, que admita su parte de responsabilidad en lo sucedido sin odios ni
rencores, pero sin caer tampoco en un sentimiento de culpabilidad que le
impediría romper el vínculo que le une a ese pasado.
El papel de
salvadora
Hay hombres que se entregan a esta nueva relación
como si comenzaran un tratamiento terapéutico. ¿Y quién será la encargada de
administrarlo? Es muy posible que esperen que sean sus nuevas novias.
Nuestra tradición socio-cultural puede jugarnos una
mala pasada y colocarnos pronto a desempeñar el papel de mamá, psicoterapeuta o
salvadora (llámalo como quieras) del separado. Es uno de los mayores errores
que podríamos cometer. Si él no tiene la madurez necesaria para superar la
etapa de duelo por sí mismo, su nueva pareja, empeñada en salvarle, tiene todos
los números para acabar siendo la víctima. Explicándolo de otro modo: si él tiene que operarse de apendicitis, tú
puedes acercarle las pastillas y el vaso de agua, colocarle bien la almohada,
ayudarle a comer, pero no puedes operarte por él. Lo mismo sucede en otros
aspectos de nuestra vida. La elaboración del duelo la tiene que hacer él.
Historias de
transición
Pero son muchas las mujeres que se implican en
exceso en conflictos que sólo su pareja puede resolver, y, cuando eso sucede,
la anterior historia sentimental de ese hombre ocupa demasiado espacio. Tanto,
que no deja lugar para consolidar la nueva relación, para comprometerse, para
luchar por salvar los escollos con los que los nuevos novios tropiezan. ¿Cómo
va a emplear en ello sus energías un hombre que aún se ha de esforzar por
cerrar sus heridas?
Si la pretensión de la pareja del divorciado es
curar esas heridas, puede que él caiga, de forma inconsciente, en utilizar esta
nueva relación para limpiar su pasado y comenzar de nuevo a reconstruir su vida
sentimental con otra persona que no seas tú. Es lo que se conoce por una
historia de transición. ¿Vale la pena?
El síndrome de
Rebeca
En otras ocasiones, él tiene su ruptura
perfectamente asumida, pero son muchas las inseguridades de la nueva pareja:
“¿Y si continúa colgado de su ex?”, “puede que yo no esté a la altura de ella”,
“tal vez no puede evitarlo y hace comparaciones”...
En honor a la película de Hitchcock, muchos
psicólogos engloban este tipo de miedos bajo el nombre de síndrome de Rebeca.
Los fantasmas que perturbaban a la protagonista del filme se disipaban cuando
el marido le confesaba que jamás había amado a la difunta señora de Winter (la
susodicha Rebeca a quien todos admiraban). Y esa es la clave: una comunicación
sincera entre vosotros. Además, tienes que cuidar tu autoestima, que, cuando es
demasiado baja, alimenta la desconfianza en la propia valía y en el amor del
otro, generando dudas infundadas.
En realidad, no son más que eso, fantasmas.
La dejó por ti
Si vuestra relación comenzó antes de la ruptura, mucho cuidado con los sentimientos de culpabilidad que pueden invadir a él, a ti o ambos. La culpa es un terrible aliado del pasado. Sólo
sirve para angustiarnos y no permitirnos disfrutar con tranquilidad del momento
presente al recordar aquello que hicimos mal o creemos que estuvo mal. Nuestra
sociedad, de tradición judeo-cristiana, define lo que es correcto o incorrecto.
En nuestro entorno, la persona abandonada por otra es la víctima y quien la
deja su verdugo.
Es necesario descubrir si os estáis dejando llevar
por valores morales con los ni siquiera comulgáis, hasta el punto de que éstos
os atacan en forma de remordimientos. La nueva pareja no debe dejarse manipular
por el inútil complejo de culpa.
Su ex
Las hay para todos los gustos: encantadoras,
amistosas, posesivas, cordiales, distantes... y algunas tan agresivas como para
cruzar el Atlántico y buscar trabajo en Brasil.
Las más rencorosas suelen ser las que fueron
abandonadas. Aunque algunas consiguen superarlo con equilibrio y rehacer su
vida echando tierra al asunto. Pero si te ha tocado una ex hostil y con ganas
de hacerle pagar por el dolor que su abandono le ha causado, tendrás que
armarte de paciencia. Muchas veces se calman tras una primera etapa de rabia e
ira. Y si no ha sido así, utilizará las armas que tenga más a mano para continuar
torturando, que en la mayoría de los casos son los vínculos materiales
(hipotecas, pensiones alimenticias, bienes que todavía tengan en común...) y
los hijos, que a menudo entran en vuestro feliz hogar con instrucciones
maternas para convertirlo en un infierno.
Ante todo, no la paguéis con vuestra relación. Es
muy importante que os mantengáis muy unidos en estos casos y que él no tenga
miedo de reclamar lo que es suyo. No va a perder a sus vástagos por ello. Con
el tiempo, la mayoría de los niños valoran que no se les impliquen en
conflictos que, en realidad, no les pertenecen.
De todos modos, para no erosionar más las
relaciones entre ellos, es conveniente que te inmiscuyas lo menos posible en
asuntos legales que hayan quedado por resolver. De lo contrario, su ex podría
imaginar que eres tú quien está asesorando a tu pareja y su furia alargaría el
calvario por el que ya estáis pasando.
En
cuanto a tus sentimientos, es lógico que sus intentos de dañar vuestro
bienestar genere en ti una mezcla de emociones capaz de arrastrarte a la ira,
pero ésta puede inmovilizarte, crearte mucha ansiedad y volcarse, incluso, en
vuestra relación amorosa. No seas rígida contigo misma. Reconoce que tienes
esos sentimientos negativos y exprésalos con personas queridas que te ofrezcan
apoyo y comprensión.
Y, sobre todo, ten siempre presente todo aquello
que es motivo de satisfacción, como el amor que compartes con tu pareja.
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